La detección “Roya de la Soya” (Phakospora Pachyrhizi) en tres hectáreas de soya de una pequeña propiedad de Yapacaní, fue minimizada a fines de julio por productores y autoridades sanitarias, que pretendieron solucionar el problema con una cuarentena. El caso resultó mucho más grave, pues el viento propagó la enfermedad por gran parte de los campos de soya de la zona norte. Combatirla será de ahora en adelante tarea de cada campaña y a costa de un precio adicional para el productor.
“Nadie sabe cómo llegó, pero ya está acá, está en los campos del norte y allá no hay quién la controle. Llegó para quedarse y lo único que ahora queda es controlarla lo más posible”, afirmó Hugo Landívar, presidente de Landicorp, matriz de la semillera Semexa, confirmando el arribo de la enfermedad al cultivo de soya.
La presencia regional de este patógeno, identificado como “roya asiática”, es reciente. Los primeros reportes se produjeron en 2001 en Paraguay que hoy tiene el 100% de sus cultivos afectados. La plaga se propagó también a Argentina y Brasil. La expansión en los campos cruceños, donde se sembraron 165.000 hectáreas para esta campaña, de dio por la alta velocidad de los vientos y la baja humedad atmosférica.
Según las pruebas hechas a nivel internacional, los efectos de la enfermedad sobre los rendimientos del cultivo varían entre 30 y 70%, lo que demuestra el porqué del temor y el estado de alerta planteado a través de la formación del Comité Interinstitucional en torno a la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo).
La característica de la presencia de la roya es perceptible por la formación de puntos o esporas sobre las hojas nuevas, la cuales caen prematuramente, afectando a la formación de granos en las vainas de la oleaginosa.
Por la reciente aparición del hongo, los estudios y desarrollo de variedades resistentes son casi inexistentes, por lo que las empresas e institutos de Brasil y Argentina que poseen programas de fitomejoramiento, están buscando materiales tolerantes a esa enfermedad. Lo que se evidenció es que unas variedades son más susceptibles que otras.
Para evitar que la embestida de la enfermedad sea mayor, Anapo, además de empresas e entidades como Semexa y Fundacruz desarrollan campañas informativas de información.
“Es como vivir con el enemigo”, afirmó Rolando Zabala, gerente técnico de Anapo, quién indica en el futuro los productores deberán asumir la necesidad de estar atentos y en el tiempo oportuno para adoptar medidas preventivas.
Las experiencias en los países vecinos han demostrado el efectivo control a través de fungicidas, como el Orius-25, los cuales aminoran las pérdidas. “Se está demostrando que las pérdidas se compensan con los fungicidas, incluso se incrementan los rendimientos”, acotó Zabala. |
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